La Vida (de una extranjera) en la Ciudad (de México)

Por Lauren Sarah Cocking

No soy de una gran ciudad y las ciudades grandes ni siquiera me gustan particularmente. El tráfico, la prisa, la gente que se cree un regalo de Dios para la humanidad porque no son de las provincias…y ese último aplica tanto en la Ciudad de México como en Londres, mi ciudad capital. Pero de todos modos, por eso la gente estaba confundida cuando decidí trasladarme a la Ciudad de México, la segunda capital más grande de las Américas con una notoriedad por ser, sí, artística, interminablemente interesante y llena de vida, pero también por estar superpoblada, sucia y por no poner queso en quesadillas. (Literal, he escuchado todos los argumentos en defensa de esta decisión, pero todavía me parece una chingadera.)

Por lo tanto, no es ninguna sorpresa que encuentro la vida en la ciudad, en particular en la Ciudad de México, como un flujo constante de emociones, un fondo de río movedizo de convención social y una verdadera montaña rusa de picos llenos de amor y de hoyos empapados de odio. Mis sentimientos sobre la vida en la capital pueden cambiar de un momento a otro. Un minuto llego a sentir lo suficientemente audaz para sacar mi teléfono en el camión, seducida por un falso sentido de seguridad, y en el siguiente hay un tepiteño en el pesero vendiendo chocolates robados (¡pero no caducados!), mientras reitera que hace poco se lo encarcelaron por robo, y luego actuando lo que haría si estuviera aquí para robarnos hoy. Reconfortante. O eso o hay hombres sangrentados con cicatrices arrojándose sobre pilas de vidrio en el metro para nuestro ‘entretenimiento’. Y estas son sólo algunas de las cosas que nadie te dice sobre vivir en la Ciudad de México.

Otros incluyen los mocos negros, la obsesión por agregar más carbohidratos a los alimentos ya pesados en carbohidratos (básicamente poner cualquier cosa que está hecho a base de maíz dentro de un rollo de pan y comérselo) y el hecho de que viajar hasta dos horas (tanto de ida como de vuelta) al trabajo, es, como, no big deal.

También hay el mito de que la vida en la ciudad es ideal para los introvertidos, dado la anonimidad que le ofrece y el potencial de simplemente pasar desapercibida. Sin embargo, como una mujer extranjera en la Ciudad de México, no hay oportunidad de ser ni flâneur ni anónima. De hecho, no hay nada más imposible que encajar en la Ciudad de México cuando eres extranjera. Interacciones como esta entre yo y un poli en el metro (ya sabes, los que están de pie todo el día checando su Face y mirándote como si simplemente los hubieras abofeteado en la cara si te atreves a pedir direcciones) solo me hacen recordar de ese hecho:

-¡Sí, es ella, la alemana! (Pensando que no entiendo español.)

-(Mirándolo de reojo) Mande?

-Oh, es de, estaba comentando…eres la chica alemana, ¿no?

-No, no soy yo.

Me alegra imaginar que estuviera realmente molesto cuando no le dije fácilmente de donde yo era en realidad, pero de cualquier manera, son momentos como esos cuando recuerdo que la gente no ha dejado de mirarme fijamente, simplemente yo he dejado de notar que lo hagan. Para que conste, no soy alemana, soy británica. Mi punto es que siempre se destacará y la gente siempre se dará cuenta de usted, no importa cuánto tiempo ha estado allí y cuánto tiempo se va a quedar.

¿Estoy bien con eso? Realmente no. ¿Mi solución? Haz lo que hacen los mexicanos, y joder con ellos de vuelta - ahora pongo mi mejor cara de inocencia, y les digo que soy de Los Altos de Jalisco.

The (Mexico) City Life (of a British girl)

By Lauren Sarah Cocking

I’m not from a big city and I don’t even particularly like big cities that much. The traffic, the rush, the people who all think they’re god’s gift to humanity because they’re from a major urban hub…OK, maybe I’m just talking about London with that last one. But anyway, that’s why people were confused when I decided to move to Mexico City, the second biggest capital in the Americas with a notoriety for being, yes, artsy, endlessly interesting and bursting at the seams with life, but also for being overcrowded, dirty and not putting cheese in quesadillas. (Honestly, I’ve heard all the arguments in defence of this decision but it still just seems ridiculous.)

So, it comes as no surprise that I find life in the city, in particular Mexico City, to be a constant flux of emotions, a shifting river bed of social convention and a veritable rollercoaster of love filled peaks and hate soaked troughs. My feelings on life in the capital can change from moment to moment. One minute I’ll be feeling daring enough to get my phone out on the bus, lulled into a false sense of security, and the next there’s a man from Tepito on the pesero selling stolen (but not out of date!) chocolate while reiterating that he’s been to prison for theft…and then acting out what he would do if he were here to rob us today. Comforting. Either that or there are scarred and bloody men throwing themselves on piles of glass on the metro for your ‘entertainment’. And these are just a few of the things no one tells you about living in Mexico City.

Others include the black snot, the obsession with adding more carbs to already carb-heavy foods (basically putting anything that involves putting maize-based foods inside a bread roll) and the fact that commuting up to two hours each way to work and back is, like, no big deal.

There’s also the myth that life in the city is ideal for introverts, given the anonymity it affords you and the potential to just blend happily into the background. However, as a foreign woman in Mexico City, there is no opportunity to be either flâneur or anonymous. In fact, there’s nothing more impossible that fitting in in Mexico City when you’re foreign. Interactions like this one between me and a police officer in the metro (you know the ones, they stand around all day checking their phones and looking at you like you just slapped them in the face if you dare to ask for directions) just remind me of that fact:

“That’s her, the German girl!” (Thinking I don’t speak Spanish.)

(Giving him the side eye.) “Excuse me?”

“Oh, erm, I was just saying…you’re the German girl, right?”

-No, no soy yo.

I like to imagine that he was really annoyed when I didn’t readily offer up where I was actually from, but either way, its moments like those when I remember that people haven’t stopped staring at me, I’ve just stopped noticing them doing it. For the record, I’m not German, I’m British. My point is, you will always stand out and people will always notice you, no matter how long you’ve been there and how long you’ll be staying.

Am I OK with that? Not really. My solution? Do as the Mexicans do, and fuck with them right back – now I just pull my sweetest, most innocent face and tell them I’m from Los Altos de Jalisco. .

 

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